martes, 9 de febrero de 2010

LA RUTA DEL ORGULLO DE ZP

Habéis oído muchas veces aquello de que el mejor negocio del mundo seria aquel que consiste en “comprar a un hombre por lo que vale realmente y venderlo por lo que dice este hombre que vale”. La soberbia es violenta, la memoria se oscurece, el hecho se esfuma o se embellece y se encuentra una justificación para cubrir de bondad el mal cometido y que no se esta dispuesto a rectificar, el orgulloso acumula argumentos, razones que van ahogando la voz de su conciencia, cada vez mas débil y mas confusa.

Alguien estará pensando que estoy hablando sobre el comportamiento de nuestro Presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, nieto del capitán Lozano, y de cuyo personaje se nutre ZP, desde su investidura, si les interesa esta historia de este personaje en mi escrito del Lunes, 26 de Octubre de 2009, explico que al abuelo de Zapatero no lo asesinaron , lo ejecutaron por sentencia de un tribunal militar, por conspirar contra el gobierno legitimo de la Republica y esa era la pena que se aplica sin compasión en cualquier ejercito de esa época.

Existe un camino que no es ciertamente el de la felicidad y la rectitud, es la ruta del orgullo, que tiene un principio triste, porque comienza con negación, para los católicos de Dios en nuestras vidas y alguien ha hecho notar con gran agudeza, que el ateo y el orgullosos tienen muchos puntos en común.

El ateo, en efecto, se niega a admitir la existencia de Dios y su orgullo no es más que una estimación desordenada de las cualidades propias y de los propios talentos. No es más que la idea desmesurada y desordenada que nos hemos formado de nosotros mismos,

Atribuimos a nosotros mismos todo lo que somos y todo lo que valemos y de esta manera excluimos a Dios de nuestra vida, “Tan solo yo importo” dice obstinadamente el orgulloso contemplándose complacido y meciéndose con presunción a si mismo.

El peligro de verdad de la ruta del orgullo, es que se implanta primeramente en tu interior y ahora lo quiere implantar en el exterior y entonces es cuando se convierte en peligroso, porque todo lo que han construido en su interior desean edificarlo a su alrededor.

El horizonte del orgulloso es terriblemente limitado, se agota en si mismo, pues el orgulloso no logra mirar más allá de su persona, de sus cualidades, de sus virtudes y de su talento, el suyo es un horizonte sin Dios y en este panorama tan mezquino ni si quiera aparecen los demás, solo hay sitio para ellos, - a que si Zapatero -.

El Sr. Zapatero, sigue esta ruta del orgullo, por el elevado concepto que se ha forjado erróneamente de si mimo, nunca pide consejo a nadie, pese a la cantidad de consejeros que tiene pagándoles “religiosamente” (paradójica palabra), y de nadie acepta nunca consejos, se basta a si mismo, vive aferrado a su propio juicio y a la propia voluntad hasta la tozudez e ignora voluntariamente, hasta el desprecio a cualquier opinión o convicción que no sea la suya.

El desprecio por el prójimo es, por tanto una actitud frecuente y a menudo habitual, y estas personas que van por esta ruta no soportan que haya nadie superior a ella.

Esta clase de individuos orgullosos por desgracia no quedan aquí en sus actuaciones, pues pasan a continuación a la enemistad, pues esta ruta desgraciadamente no acaba aquí y su origen extrañamente es la ¡¡¡envidia!!!

Observen la cantidad de personas que tenemos despreciadas, odiadas y combatidas solo porque son mejores y mas inteligentes que sus perseguidores. Se han hecho culpables del gran delito de ser mejores e inteligentes o de haber trabajado mucho más y lógicamente este “delito” se combate y se castigan en la ruta del orgullo, con la frialdad, la enemistad, el silencio y la calumnia.

Zapatero con esta ruta del orgullo no quiere perder su puesto y no quiere ceder sus armas y se encamina por esta dirección y aplica la ficción y la hipocresía, simula lo que no es y exagera lo poco que tiene, para él todo es licito, todo es bueno en este maldito camino a condición de que él sea el primero y el mejor ante uno mismo y en la estimación de los demás.

La gran Teresa de Calcuta, decía pensando en Zapatero seguramente que “Una de las grandes enfermedades, es no ser nadie para nadie”.



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